El plan era viajar desde Barcelona hasta Copenhague. De alli, un corto viaje en tren de una horita, hasta la ciudad de Helsingborg, ya en Suecia, pasar un par de días alli y luego subir hasta Båstad, donde estaríamos en casa de Ullie, y al final del viaje estar un par de días en Copenhague.

Como siempre, dando la nota.
Copenhague está unida a la ciudad sueca de Malmö por dos medios de transporte, el barco y el tren. Si un tren. Dinamarca y Suecia se pusieron de acuerdo para crear un puente que uniera ambos países sobre el estrecho de Öresund y para gestionar el sistema de transportes de forma conjunta desde el año 2000 (Entre España y Portugal aun estamos dándole vueltas al AVE). El puente tiene unos 8 kms de longitud, dos vías férreas, 6 carriles de coches y los pilares del mismo se forjaron en Puerto Real, en Cádiz.
Llegar a Helsingborg fue bastante sencillo. No tanto lo fue llegar al Youth Hostel, y no porque estuviera mal indicado sino porque caía una chupa de agua maja con viento que hacia que mirar el mapa mientras íbamos con las mochilas y el paraguas, no resultara muy cómodo la verdad. Días mas tarde recordaríamos ese día con el cariño y la ternura de llevar una semana bajo la lluvia, lo que te da mucha perspectiva. Al llegar al lugar, ahí si hicimos nuestro numerito, porque la entrada era con clave y no veíamos el botón para llamada, así que después de pulsar todos los botones varias veces se apiadaron de nosotros y desde la ventana nos indicaron como subir.