martes, 2 de agosto de 2011

Båstad, cuna del tenis sueco

Båstad es una idílica población de la región de Scania situada en la península de Bjärehalvön, que da al mar directamente y rodeada de maravillosas colinas con granjas, bosques y campos de golf. Es uno de los lugares favoritos de los suecos ricos para ir a veranear ya que disfruta de uno de los climas mas templados de todo el país (no hay que olvidar que Estocolmo esta en el paralelo 59º N, a solo 7º del círculo polar ártico, así que el sur del país es una bicoca para ellos). Por lo que es mas conocida sin embargo fuera de Suecia es porque es allí donde todos los veranos se celebra el Open de tenis de Suecia. Este año ganó el sueco Söderling y finalista quedó David Ferrer.

No obstante desde que llegamos nosotros no paró de llover, así que el primer día tuvimos que realizar actividades "soft" para no acabar totalmente calados hasta los huesos. Por la mañana dimos un paseo por una de las innumerables rutas que se pueden realizar a pie por la zona, en este caso bordeando la costa, siendo acompañados con cierta frecuencia por la fauna doméstica del lugar.


Vacas veraneando en la costa.


¿A que soy muuuuuuy guapa?


Ovejas a pie de playa.

Por la tarde, y aunque seguía lloviendo a gusto, la madre de Ullie nos animó a dar una vuelta con ella y con Elvia por el pueblo y alrededores, con la excusa de ver un mercado internacional de comida que estaba celebrándose en Båstad . Elvia es la niña de 8 años de Ullie. Así que allí nos fuimos. Cuando llegamos el mercado estaba recogiendo (no me extraña, llevaban ya 24 horas bajo la lluvia y sin clientes). Lo mas memorable del mercado es que llegamos a tiempo de ver el puesto de comida española, donde se servían chichis (si como lo digo), o al menos así llamaban a los churros de toda la vida. Será probablemente una de las fotos que mas lamente no haber hecho en toda mi vida...

Fuimos a visitar la Iglesia de Santa María (más que nada para protegernos un rato de la lluvia). Lo que más nos llamó la atención fue de nuevo que estaba todo abierto, sin un mal cuidador por allí, y que tenían una sección con juguetes para los niños (dentro de la propia iglesia). Eso si que es marketing juvenil. A continuación nos acercamos a la playa y luego por la carretera de la costa (o carretera italiana como la llaman ellos por sus numerosas curvas) parando allá donde algo nos llamaba la atención.


¿Donde están los bañistas? ¿Se los ha tragado el mar?


Aprovechando un respiro de lluvia en los columpios.


Mormor, la super-abuela.


Marina de Kattvik.


Båstad, glamouroso y rústico a la vez.


Intimando.

Gracias a Ullie, supimos que todos los años, el dueño de un local llamado "Pepe's Bodega", cuya mujer es brasileña, organizaba una semana de fastos conmemorativos del Brasil, culminado en la gran noche en blanco, en la que todo el mundo se vestía de blanco para una fiesta en la playa, adornada de fuegos y de bailes autóctonos, y culminada por una hoguera que se montaba en una barca y se lanzaba al mar, no se en este caso si siguiendo el rito brasileiro, el vikingo, o el de porque mola.

Así que a pesar del tiempo que trinaba (según Elvia daba igual el tiempo, nunca anulan nada aunque truene) y sacando el fondo de armario propio y prestado nos echamos todo lo que teníamos encima y todo lo blanco que conseguimos y nos fuimos a la playa, con un par. Lástima que confundimos la hora y llegamos tarde. Las actuaciones ya habían sido y la hoguera ya la habían lanzado, vaya por dios. Eso si, pasamos un rato muy divertido con la transformación y haciendo un poco el mico, que se nos da muy bien.


El club de los superblancos.
Morirse de envidia, el menda con 3 rubias suecas.


Saquitos con velas iluminando la playa.


Un erizo de paseo nocturno.

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