El lunes el tiempo mejoró un poquito, de hecho se levantó sin llover, y aunque el cielo no estaba claro, cualquier cosa lo dábamos por aceptable tras el domingo tan chungo que pasamos. Así que nos preparamos para irnos de excursión a Hallands Väderö.
Fuimos primero a llevar a Ullie al lugar donde está currando este año, Norrvikens Trädgårdar, unos jardines abiertos al público que antiguamente eran una propiedad privada de una familia de la zona emparentada con la casa real sueca y que tenía algo mas que una modesta fortuna. Se ve que los dueños no han podido mantener la casa y ahora la tienen como un restaurante. Lo mas bonito que tiene, dentro de lo ya bonito que es tener unos preciosos jardines que terminan con vistas al mar, son el jardín japonés y los macizos de hortensias que son increibles. Ahora mismo hay una fuerte polémica en Båstad porque un constructor de la zona quiere comprarlo y hacer una zona residencial con apartamentos y oficinas muy nordicas y muy feas. Ni que decir tiene que firmamos en contra poniendo que era un proyecto feisimo.











Jardines Norrvikens. Al fondo el mar.

Vista desde el jardín japonés. Si un día me doy un golpe y me caso lo hago aquí.
Para ir a Hallands Väderö hay que ir al pueblo de Torekov y desde allí coger un barquito hasta la isla. El trayecto es muy corto y sale aproximadamente cada hora. Se puede dormir allí, alquilando alguna de las pocas casas que están en alquiler por semanas, pero no era nuestro plan. En el mismo puerto de Torekov hay dos sitios interesantes que visitar. El primero es una caseta que han revestido por dentro de objetos de diferentes naufragios que trajo el mar hacia esas costas. Está inventariado incluso la procedencia de los objetos por el nombre de los barcos (hay alguno español). Hay placas, anclas y objetos tan curiosos como una cola de tiburón o una oreja de elefante (¿?). El otro es la reconstrucción de un barco antiguo con su atrezzo y todo, a pequeña escala.
Reconstrucción de un camarote para marinería.

Nanny, antiguo pesquero que te lleva a Hallands Väderö.
En la misma taquilla para sacar los billetes del barco te dan un mapa, así que al llegar a la isla puedes directamente pasear por los senderos y hacerte una ruta según el tiempo que quieras estar. La isla tiene vacas, conejos, ovejas, cabras, caballos, ponys, etc... parece la granja del tío Tom en tan solo 310 Ha en la isla principal. Adicionalmente hay un montón de islotes que la rodean donde destacan dos zonas de protección medioambiental, una para diversas aves, donde van a criar, y otra para las focas. Si focas, lástima que no consiguiéramos ver ninguna. Para eso hay que hacer una excursión en otro barco un poco más adentro pero eso no lo hicimos. Otro de los bichos interesantes que habitan la isla es un tipo de babosa de color anaranjado y de tamaño considerable, que vive en las zonas de bosque, en las zonas sombrías de robles que hay dentro de la isla.
La excursión es muy divertida porque si recorres la isla completa (no lleva mas de unas 4/5 horas tranquilamente) puedes pasar por bosques de robles y hayas, por prados, por zonas de rocas, acantilados, por marismas y lodazales que se atraviesan por pasarelas, ... en fin muy divertido.

Babosas naranjas. Si se comieran acabábamos con el hambre en el mundo.

Bosques de robles y marismas.

Roble milenario versus homínido de 37.

Lugares increíbles donde perderte.

Al frente, oveja pastando, al fondo, puerto de Torekov.
Pastoreando.

La foto es así de bonita. Juro que no puse a los ponys a la fuerza.

El faro al norte de la isla.
Las ovejas preñadas si se dejan tocar.
Tan contentos estábamos a la vuelta de que solo nos cayeran unas poquitas gotas en todo el día que al llegar nos estaban esperando en el jardín organizando una barbacoa para cenar que disfrutamos como si ya fuéramos auténticos suecos, eso si, con el jersey de cuello vuelto puesto.
Mei, uno de los gatos de la casa.




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