Y por fin llegó ¡si!, el día en que íbamos a ver el sol de Suecia, porque existe aunque tras seis días allí empezábamos a pensar que era una fábula...
Así que desayunamos fuerte las mermeladas tan buenas que hace Märtha, de mora, de arándano, de fresas, de pera con jengibre, y nos fuimos a visitar las formaciones rocosas de Hovs Hallar, a unos pocos kms de Västra Karup, el pueblecito de los padres de Ullie. Son unos acantilados en la carretera de la costa que une Båstad y Torekov atravesados por una de las rutas de la comarca. Tienen unas vistas bastante chulas desde lo alto pero sobre todo son como un pequeño parque de juegos por las innumerables rocas desprendidas, que hacen el recorrido muy divertido sobre todo para los niños (eso si, hay que llevarlos con mil ojos porque en algún sitio se te pueden despeñar). Con esas mismas rocas, los suecos que son gente muy laboriosa construyen pequeñas figuras de piedras que son respetadas por los demás y que hacen que la zona parezca un pequeño museo popular con sus torres de piedras por doquier. Nosotros también colaboramos con nuestra pequeña aportación, faltaría mas.

Haciendo de hombre de goma en los matorrales.

Equilibrista.

Esculturas de piedra.

Funambulista haciendo de spiderman.

Vistas desde lo alto. ¡Si, es el cielo azul!
Y con el día tan buenísimo que hacía el cuerpo nos pedía estar en la calle y movernos, así que nos envalentonamos y nos cogimos las bicis y a Elvia y nos fuimos con ella al Camping First Camp de Torekov, a unos 7 kms de alli, a divertirnos con las camas elásticas, y con el paseo claro. Y vaya que lo pasamos bien, disfrutamos como enanos, vaya que si...

La tortuga de la tía de Elvia. No nos la llevamos, no teníamos bici para ella.

Como unas reinas.

Acróbatas voladores. ¡Que alguien la agarre que despega!

¡Que rubios y que guapos! Si salgo en esta foto la titulo el patito feo.
Payasos comiendo unos fabulosos helados Engelholms.

La vuelta fue un poco más lenta, ya que era cuesta arriba y los 8 años de Elvia aquí pesaron un poquito, pero haciendo alguna que otra parada y con la inestimable ayuda de la fauna local (este viaje se ha parecido mucho a un safari...) pasamos el rato y llegamos de lo mas frescos y contentos por el día pasado.
Granja de bueyes.





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