viernes, 5 de agosto de 2011

Ultima estación: Copenhague

Tras despedirnos (con mucha pena) de toda la familia Petersson: Elvia, Ullie, Märtha y Olle, cogimos el tren y fuimos a pasar el último día de nuestro viaje a Copenhague y aprovechar para ver la ciudad. Así que nos levantamos tempranito y a las 9:30 estábamos con el mapa en nuestras manos en la estación central, habiendo dejado ya las mochilas en el hotel que habíamos reservado. Tuvimos un pequeño percance (llevábamos ya algunos días sin novedad, cosa rara) ya que nos habíamos acostumbrado a manejar maravedises suecos y se nos olvidó que teníamos que cambiar a doblones daneses, justo en la entrada de una parada de tren con una única máquina automática que solo aceptaba tarjetas danesas. Pero en fin, salimos de esa y de otra posterior, con esquinazo al revisor incluido.

Tras una semana campando a nuestras anchas entre vacas, bueyes, caballos, ovejas, verde refractante, bosques cerrados y playas nórdicas de postal, pues estábamos un poco raros, teníamos como una especie de mareo en Copenhague, rodeados de asfalto y sobre todo de hordas de turistas. Además, se ve que el alcalde ha hecho un curso de verano en Madrid, porque estaba la ciudad levantada por todos lados...

Iniciamos la visita desde la estación central al Ayuntamiento, y de ahí hicimos el recorrido turístico, que es bien fácil de seguir, ya que en cuanto te salgas de una calle te vas a dar cuenta porque te vas a encontrar casi solo. Así que por la calle Strøget, pasando por Kongens Nytorv, Nyhavn, Amalienborg y al final la fuente Gefión (que particularmente me gustó mucho) y la Sirenita (que me gustó bastante menos). Por el camino también visitamos Frederiks Kirke y la iglesia anglicana de St. Albans.

Por la tarde, nos montamos en uno de los barcos que te dan un paseo de una hora por los canales de la ciudad. Sinceramente está bastante bien, son bastante razonables de precio (para lo caro que es Copenhague) y te dan otra visión de la ciudad diferente. Además los hacen en varios idiomas, entre ellos español. Desde el barco además vimos la Ópera (donada por la multinacional Maersk, que es danesa, a ver si Telefónica se rasca el bolsillo igual), la Biblioteca nacional, la antigua base de la armada danesa, que ahora es una zona residencial de alto-standing ganada al mar con acceso directo a tu barquito, la zona de Christiania, y los barcos-casa, protegidos por la Unesco (otra plaquita puesta por allí). Altamente recomendable. Abrigarse bien.


Gárgolas en la plaza del Ayuntamiento.


Dragón de LEGO en la tienda. El parque Lego está en Dinamarca.


Que bárbaro, sale el sol y se transforman en españoles.


Casitas y barcos en el puerto chic de Nyhavn.


Fuente de Gefeón, la diosa danesa de los mares.


Little Mermaid. Increíble foto sacada sin gente.


Flores en la embajada noruega en recuerdo de la masacre de Oslo de 22 de Julio.


Buques casa. Se acabó el liso asiático para tu pelo.


¿Veis porque era la foto anterior increíble? Si yo fuera la sirenita me echo a nadar y no paro hasta Groenlandia.


Valkirias sobre elefante hippy. ¿ Habríamos fumado algo?


El negocio más chungo de toda Escandinavia: Gafas de sol.


Hombres anuncio de verdad. Sin mariconadas.


Buzón de correos. Ya sabéis el dicho: si breve, dos veces bueno.

Y con esta visita nos retiramos ya a nuestros aposentos tras unas diez horitas de patear calle. Y justo en el momento en el que empezó a llover. ¡Olé, olé y olé!

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