lunes, 1 de agosto de 2011

Helsingør, la ciudad del príncipe Hamlet

Elsinore o Helsingør en danés, es una pequeña ciudad al borde del Öresund enfrentada a la ciudad sueca de Helsingborg. En esta ciudad reside el castillo de Kronborg, palacio de los reyes daneses, lugar de control del estrecho y sobre todo, el escenario donde se desarrolla Hamlet, la archifamosa obra de Shakespeare. De todo esto me enteré realmente el día antes de pensar en la excursión, cosa que me alegró sobremanera, ya que el día pintaba regular de lluvia para estar en la calle.

Para llegar a Helsingør solo hay que coger el ferry regular de Scandlines que sale desde Helsingborg prácticamente cada 15 minutos. El ferry ya en si es toda una atracción, ya que tiene un supermercado dentro en la que tanto suecos como daneses (sobre todo suecos) compran sin impuestos en los escasos 20 minutos que dura el trayecto. Según nos contaron, los suecos tienen una costumbre que consiste en realizar varios trayectos sin bajarse, y pimplar todo el tiempo hasta volver a casa calentitos, eso si, por un precio bastante más reducido que hacerlo en territorio sueco.

La ciudad es bastante cuca, se llena de turistas que invaden sus calles y sus comercios y se lían a consumir y a comprar en las tiendas. Los precios son algo mejores, pero sobre todo los suecos pueden comprar alcohol libremente, cosa que en su tierra solo pueden hacer en los lugares licenciados. Así que para ellos es como irse de juerga, eso si, juerga nórdica, muy formalita, nada de Lloret de Mar o similar.


Uno de los muchos patios interiores daneses.


La reina del imperio del queso, la cabra.

Visitamos el Monasterio e Iglesia de Santa Maria. Es una edificio luterano de lo mas sobrio, salvo la iglesia, donde puedes ver algún que otro detalle que te llama la atención, como los barcos colgados del techo a modo de lámparas, suponemos que rememorando viejos navíos botados por la ciudad. Lo interesante es que está totalmente abierta al público y no hay nadie alli para controlar, por lo que estas muy a tu aire, incluso si quieres te puedes coger uno de los libros de salmos en la entrada y permanecer un rato en contacto con Dios, si es de tu gusto.


Curiosas las lámparas.

Por la tarde, nos dirigimos al castillo de Kronburg. De camino pasamos por el centro cultural de Elsinore donde puedes conectarte a internet gratis con unos estupendos Mac de pantallas planas de 17" que quitan el hipo (baidefeis) y nos informaron del camino a seguir, ya que aunque el castillo se ve desde todos los puntos de la ciudad no es cómodo de llegar por las obras actuales de ampliación del puerto.

El castillo y la ciudad fueron construidos por el rey danés Eric de Pomerania, que usó el castillo para controlar el paso del estrecho de las naves que querían acceder al mar Báltico. Era obligación de los barcos responder al impuesto si llevaban carga con la que comerciaban. Al principio era igual para todas las naves, después en función de la carga. A cambio, no tenían que enfrentarse a la batería de cañones que se instalaron en el castillo, que fácilmente barría la franja de agua de unos 5 kms que separa de la otra orilla. Esta aduana permaneció activa hasta bien entrado el siglo XIX, y el conjunto de las potencias occidentales tuvo que pagar una fuerte suma al estado danés para liberar este paso.

Se puede visitar también con mucha facilidad, todo está abierto y gratuito salvo el museo y los apartamentos reales. El conjunto está jalonado de carteles informativos (también en inglés) que explican la historia, los usos y las diversas partes de la fortaleza. Además, junto a la batería de cañones que existe apuntando aún hacia el mar y que se dispara en ocasiones especiales, han puesto un cuerpo de guardia que va marcando el paso tipo Palacio de Buckingham, muy erguidos y muy puestos ellos. A los japos les vuelve locos.

Como siempre, tuvimos que darnos prisa en volver, ya que teníamos el tiempo justo para llegar a Helsingborg, recoger nuestras mochilas y coger el tren destino Båstad. Y como siempre montamos el numerito. Teníamos que estar en primera fila a la llegada del ferry a puerto, y mientras que esperábamos Blindy entró en una tienda donde sonó la alarma, justo cuando estábamos llegando, así que llegó el personal, revisaron sus cosas y hasta que dieron con el problema (una pegatina de chip que estaba en una bolsita de un chubasquero) casi dan con nuestro plan al traste. Lo cachondo es que salimos casi corriendo del ferry, dando la impresión de que si habíamos robado algo. Tuvimos que correr a base de bien para llegar al tren finalmente, pero lo conseguimos con 7 minutazos de sobra.

P.D.: No puedo poner fotos del estupendo castillo, porque la cámara se quedó sin batería, cosas que pasan a veces.

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